La cuestión de la mujer

Concepción Arenal muere en 1893 sin haber conseguido ingresar en la Academia de
Ciencias Morales y Políticas y sin haber podido asistir al salto cualitativo que
la situación de la mujer estaba empezando a darse en otros países. Sus esfuerzos
por mejorar la condición social de las españolas, su ejemplo personal en el
desempeño de responsabilidades públicas o la conciencia feminista que rezuman
sus escritos llegan a unas pocas, ¿unos cientos?, ¿unos miles? El discurso
tradicional cuenta con terreno más fértil para la pronta y fácil germinación: las
hondas tradiciones, la inercia cómoda, el ejemplo familiar, la voluntad divina,
el discurrir a favor de la corriente… Además, los libros y los artículos de aquellas
pioneras de la conciencia feminista poco tienen que hacer en un país con
altas tasas de analfabetismo; no pueden competir con el grado de difusión que
alcanzan los mensajes que predican la domesticidad de la mujer desde el púlpito
y el confesionario, lugares desde los que se contrarresta de manera eficaz
aquellas ideas disolutas que hablan de igualdad. Lo cierto es que, finalizado el
siglo XIX, en España no llega a articularse un movimiento feminista equiparable
al que por entonces está desarrollándose en algunos países europeos y en
los Estados Unidos. Como dice una desencantada Pardo Bazán en una carta al
director de La Voz de Galicia  en relación al escaso interés que despiertan los libros publicados en Biblioteca de la Mujer: «He visto, sin género de duda, que aquí a nadie le preocupan gran cosa tales cuestiones, y a la mujer, aún menos». A las españolas parece no interesarles adquirir nuevos conocimientos ni plantearse alternativas para mejorar su situación: «Aquí no hay sufragistas, ni mansas ni bravas». Ella fue la
única española presente en el Congreso feminista celebrado en París en 1900,
pues, al parecer, las organizadoras no tenían constancia de la existencia de
asociación feminista española a la que pudieran invitar.

En efecto, las mujeres españolas, aun las que alcanzaron una mayor conciencia
feminista, tardaron bastante tiempo en asociarse para defender sus derechos.
Quizás hayan sido las masonas las primeras en agruparse aprovechando
para ello la peculiar estructura de su organización, pues algunas sociedades contaban con logias de iniciación o adopción para las mujeres. Al menos, tenemos
noticia de la iniciativa de Ángeles López de Ayala, una destacada masona
que mantuvo una larga relación de amistad con Rosario de Acuña, para
poner en marcha en Barcelona en el año 1889 la Sociedad Autónoma de Mujeres,
que se transformará en la Sociedad Progresiva Femenina en 1898, en la
que se desarrollaban actividades de debate y divulgación sobre las propuestas
que por entonces estaba realizando el movimiento feminista de los países en
los que estaba más desarrollado, convirtiéndose en uno de los grupos españoles
pioneros en la defensa del reconocimiento al voto de las mujeres. Como colaboradoras
destacadas de López de Ayala encontramos a la anarquista Teresa
Claramunt y a la espiritista Amalia Domínguez Soler. Con el nuevo siglo
irán poco a poco surgiendo nuevas organizaciones de mujeres. A comienzos
del siglo XX nace en Madrid la Junta de Damas de la Unión Ibero Americana
que desde posiciones católicas y mesocráticas se plantea como objetivos principales
la mejora de la situación educativa y laboral de la mujer y la supresión
de la prostitución. Por esas mismas fechas se constituyen las primeras organizaciones
de trabajadoras en el ámbito del Partido Socialista. Será en 1904
cuando se cree en Bilbao el primer Grupo Femenino Socialista, al que seguirá
dos años más tarde el de Madrid, en el cual habrá de jugar un papel destacado
Virginia González. Esta vallisoletana, de profesión guarnicionera y que habrá
de mantener una relación de amistad con nuestra protagonista como más adelante
comentaré, será la primera mujer en formar parte de la dirección de una
organización política española al incorporarse en el año 1913 al Comité Nacional
y a la Ejecutiva del PSOE. Fue también miembro de la Ejecutiva de la
UGT, desempeñando una activa labor en la preparación de la huelga de 1917,
por lo cual fue detenida. Disconforme con la estrategia de colaboración con los
partidos burgueses que había seguido su partido, en junio de 1921 encabezará
el sector del Grupo Femenino Socialista de Madrid que va a ingresar en el
recién creado Partido Comunista, de cuyo Comité Central llegará a formar
parte (Moral, 2005). De todas formas, habrá que esperar a 1918 para asistir a la
creación de la que puede considerarse la primera organización feminista con
cierta relevancia a nivel nacional. Se trata de la Asociación Nacional de Mujeres
Españolas (ANME), integrada por miembros de clase media con diferentes
ideologías que centran sus objetivos en conseguir mejoras para la mujer en los
ámbitos educativo y laboral. Por iniciativa de la jerarquía católica surgirá un
año más tarde la Acción Católica de la Mujer, que experimentará un rápido desarrollo por todo el país, llegando a contar con unas cien mil afiliadas al final
de la década de los veinte. Seguirán diversas asociaciones de ámbito local o
regional (Liga para el Progreso de la Mujer, Valencia; Lyceum Club, Madrid…)
y nacional (Cruzada de Mujeres Españolas, 1921; Unión del Feminismo
Español, 1924…).

La actividad desarrollada por las mujeres en la España del Concordato,
primero por unas cuantas francotiradoras y más tarde por las organizaciones
feministas que, tardíamente, se van constituyendo, va a centrar sus objetivos en
conseguir mejoras en, por este orden, el campo educativo, la situación laboral,
la erradicación de la prostitución y, por último, el derecho al sufragio. En cuanto
a los logros, se observa un claro retraso respecto a aquellos países que fueron
pioneros en la movilización feminista. Las leyes, que son más fáciles de
cambiar que los usos y costumbres de la sociedad, van recogiendo algunos
avances en este sentido, pero de forma harto perezosa: hasta 1900 no se legisla
sobre las condiciones laborales de la mujer; en 1902 se constituye el Real Patronato
para la represión de la trata de blancas con el objetivo de colaborar con
las iniciativas internacionales que se están poniendo en marcha contra «la
compra-venta de mujeres jóvenes destinada a tratos inmorales»; habrá que esperar a 1910 para que las mujeres puedan acceder a la Universidad sin tener que solicitar de forma individual un permiso previo… En cuanto al reconocimiento del voto femenino, será durante la dictadura de Primo de Rivera cuando se permita el sufragio de la mujer, aunque con grandes limitaciones, pues el Estatuto Municipal de 1924 contempla en su artículo 51 el derecho al voto de «las españolas mayores de 23 años que no estén sujetas a patria potestad, autoridad marital ni tutela», es decir, de
haber marido, éste es quien tiene el derecho de voto.

A modo de conclusión: primero, durante el último tercio del siglo XIX algunas mujeres se esfuerzan en agitar la conciencia feminista de sus congéneres con la sola fuerza de sus escritos, que llegan a un reducido número de sus naturales destinatarias, enfrentándose a la poderosa y eficaz maquinaria eclesiástica que desde el púlpito y el
confesionario defenderá con entusiasmo la domesticidad de la mujer; segundo,
con el cambio de siglo comenzará a organizarse en España, con algunas décadas
de retraso respecto a otros países, un tímido movimiento feminista que sólo
alcanzará cierto relieve en los años veinte; y tercero, habrá que esperar a la
legislación de la Segunda República para constatar la igualdad jurídica de la
mujer ante la ley.

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Acerca de Macrino Fernandez Riera

Mis investigaciones se han orientado hacia el estudio de la historia de Asturias durante el Periodo Interrepublicano, dedicando una especial atención a la vida y obra de Rosario de Acuña y Villanueva. Publicaciones: La Escuela Neutra Graduada de Gijón (2005), Rosario de Acuña en Asturias (2005), Mujeres de Gijón, 1898-1941 (2006), Rosario de Acuña y Villanueva. Una heterodoxa en la España del Concordato (2009), Deporte y educación física en Asturias. De los inicios a la guerra civil (2010), Rutas y senderos para disfrutar Asturias (en colaboración, 2013), ¿Quién fue Rosario de Acuña? (2017).
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