El eje de la discordia

A pesar del carácter individualista que se ha atribuido tradicionalmente al español, a pesar de la fragmentación de las fuerzas políticas, a pesar de las vicisitudes ocurridas en tan largo periodo de tiempo, a pesar de las tensiones nacionalistas que comienzan a aflorar en las últimas décadas del XIX, a pesar de la larga marcha del movimiento obrero para mejorar sus condiciones de vida, a pesar de las aspiraciones de los republicanos por modificar la forma del Estado, a pesar de todas las escisiones que se van produciendo en la sociedad española durante los años en que estuvo vigente el Concordato de 1851, hay, en mi opinión, indicios suficientes para afirmar que los españoles han ido optando, con todos los matices que se quieran realizar al respecto, por una de las dos mentalidades que, forjadas en torno a la función que corresponde desempeñar a la Iglesia en la vida pública española, confrontan su manera de entender la vida: la Buena Prensa frente a la mala prensa, el creacionismo frente al evolucionismo, la educación confesional frente a la laica, la ciencia frente a la religión, la seguridad de las tradiciones frente a la esperanza del progreso, la sociedad secularizada frente a la comunión de fieles, la unidad religiosa frente a la libertad de cultos… El inestable equilibrio alcanzado con el Concordato de 1851 entre el liberalismo y el catolicismo no pudo ocultar la profunda contradicción que planteaba la existencia misma de una religión oficial en un Estado liberal. Esa anomalía existente en las mismas entrañas del Estado provocará la aparición de múltiples escisiones, tendencias y matices tanto entre los defensores como entre los detractores del liberalismo; tanto en el seno de los partidos dinásticos que se turnan durante el periodo Interrepublicano, como entre las fuerzas minoritarias situadas extramuros del sistema. No obstante, de entre todas las fracturas abiertas en la sociedad española, será la que se configure en torno a la línea clericalismo-secularización la que con mayor fuerza termine por polarizar al país, llegando a contaminar la visión que la mayoría de los españoles tienen acerca de su vida cotidiana, afectando, incluso, a sus relaciones familiares[1]. A poco que la coyuntura se muestre favorable, a poco que surja la necesidad de agruparse para hacer frente al avance de los opositores, los españoles, hasta ese momento fragmentados en multitud de facciones, correrán a situarse en torno a uno de los dos estandartes que anuncian las contrapuestas mentalidades de quienes se sitúan tras ellos.


[1] La producción novelística de Galdós, tan valorada por su carácter ilustrativo de la sociedad de la Restauración, nos presenta en  La familia de León Roch un valioso ejemplo acerca de la confrontación de mentalidades que, en el mismo seno familiar, se puede llegar a producir entre el tradicionalismo católico, encarnado en la esposa, y el pensamiento librepensador, que encarna el marido.

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Rosario de Acuña y Villanueva. Una heterodoxa en la España del Concordato

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Acerca de Macrino Fernandez Riera

Mis investigaciones se han orientado hacia el estudio de la historia de Asturias durante el Periodo Interrepublicano, dedicando una especial atención a la vida y obra de Rosario de Acuña y Villanueva. Publicaciones: La Escuela Neutra Graduada de Gijón (2005), Rosario de Acuña en Asturias (2005), Mujeres de Gijón, 1898-1941 (2006), Rosario de Acuña y Villanueva. Una heterodoxa en la España del Concordato (2009), Deporte y educación física en Asturias. De los inicios a la guerra civil (2010), Rutas y senderos para disfrutar Asturias (en colaboración, 2013), ¿Quién fue Rosario de Acuña? (2017).
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