11. Clericales y anticlericales

A medida que el régimen político canovista se va asentando, las diferentes posiciones que en materia religiosa mantienen los españoles también lo van haciendo. En la década de los ochenta se producirán diversos ajustes en el sector confesional que concluirán con la integración de los neocatólicos en el seno del Partido Conservador; al tiempo que en el carlismo se produce la escisión que originará la aparición del Partido Integrista. Con todo, será su defensa del catolicismo lo que les seguirá uniendo. A pesar de las diferentes posiciones que mantienen en cuestiones políticas, todos ellos acudirán prestos a la confrontación cuando consideren que los intereses de la Iglesia están en peligro. Los anticlericales, por su parte, lograrán un mayor grado de cohesión y relevancia social gracias al clima de mayor tolerancia que encontraron sus publicaciones tras la llegada del Partido Liberal (por entonces Partido Fusionista)  al poder en 1881: El 10 de abril de ese mismo año, se pone a la venta el primer número de El Motín, semanario satírico, republicano y anticlerical, dirigido por José Nakens; dos años más tarde, tras la aprobación de la Ley de Policía de Imprenta de 1883,  aparece  Las Dominicales del Libre Pensamiento. Ambas publicaciones, que lograrán sobrevivir a los secuestros y las presiones de todo tipo durante varias décadas, se habrán de convertir no solo en un eficaz instrumento de propaganda de las ideas que defienden, sino también en un elemento de identidad para los anticlericales españoles.

La alternancia en el poder de los dos principales partidos dinásticos viene, en efecto, a consolidar el régimen que se había instaurado tras el pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto a finales de 1874. La política que siguieron uno y otro partido en materia religiosa no fue radicalmente distinta: tanto Cánovas como Sagasta «reconocieron la necesidad de cierto equilibrio entre la reivindicación del clero de que las leyes del gobierno fortalecieran el carácter católico del régimen y el pluralismo limitado inherente a un sistema político liberal» (Callahan, William: La iglesia católica en España 1875-2002, pág. 40). Así las cosas, la actividad que desarrollan tanto clericales como anticlericales a lo largo de los largos años de la Restauración parece obedecer a un doble objetivo: mantener la cohesión del propio grupo e intentar influir en la mayoría de la población que se encuentra entre ambos sectores. La labor de propaganda que realizan las publicaciones periódicas de unos y otros, editadas por decenas a lo largo del territorio español, están dirigidas más a la consolidación de las creencias de los prosélitos, que a intentar persuadir a quienes no las comparten. A esta función de refuerzo del propio grupo habrá de contribuir en gran medida la tradicional lectura en voz alta de los periódicos, lo cual era   bastante corriente dada la elevada tasa de analfabetismo existente por entonces en España. Mayor importancia para los intereses de unos y otros representaba la posibilidad de influir en la gran mayoría de la población, aquella que mostraba sus reparos ante los postulados que estas minorías radicales mantenían en materia religiosa. Con ese objetivo y cuando la ocasión se mostraba propicia para ello tanto neocatólicos, carlistas e  integristas, como   republicanos, masones, demócratas, socialistas y librepensadores    ofrecían a sus compatriotas la visión más atractiva de sus respectivos credos, con la esperanza de atraer hacia sus posiciones a los que ya se encuentran en las proximidades.  Era entonces cuando los primeros apelaban al sentimiento católico de sus interlocutores, a los valores de la tradición, a la familia, a la educación religiosa de los hijos, al glorioso pasado de la nación española forjado en la sólida alianza del Trono y el Altar… Los oponentes, por su parte, echaban mano de la ineludible regeneración de la sociedad, de la libertad, el progreso, la situación de las naciones más avanzadas, los avances de la ciencia… Cuando unos y otros conseguían que los diarios independientes, de gran tirada, aquellos que, de verdad, influían en la mayoría de la población, se hiciesen eco de alguna de sus propuestas, entonces ya estaban ensanchando la base en la que se apoyaban. En la medida en que La Correspondencia de España, El Imparcial, El Liberal, El Heraldo de Madrid, o cualquiera de los grandes periódicos de la Restauración asumiera una parte de sus argumentos en algún tema determinado, veían reforzada su posición ante sus compatriotas.

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Si estás interesado en el tema,  en el siguiente enlace puedes consultar el libro   Rosario de Acuña y Villanueva. Una heterodoxa en la España del Concordato

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Acerca de Macrino Fernandez Riera

Mis investigaciones se han orientado hacia el estudio de la historia de Asturias durante el Periodo Interrepublicano, dedicando una especial atención a la vida y obra de Rosario de Acuña y Villanueva. Publicaciones: La Escuela Neutra Graduada de Gijón (2005), Rosario de Acuña en Asturias (2005), Mujeres de Gijón, 1898-1941 (2006), Rosario de Acuña y Villanueva. Una heterodoxa en la España del Concordato (2009), Deporte y educación física en Asturias. De los inicios a la guerra civil (2010), Rutas y senderos para disfrutar Asturias (en colaboración, 2013), ¿Quién fue Rosario de Acuña? (2017).
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