10. Las revueltas estudiantiles de 1884

Madrid, 1 de octubre de 1884. Como ya es habitual, la Universidad Central celebra la apertura del curso. En el transcurso del acto  —presidido por el ministro de Fomento, Alejandro Pidal y Mon— el catedrático de la facultad de Filosofía y Letras Miguel Morayta pronuncia un discurso que lleva por título: «La civilización faraónica y las razones y medios en cuya virtud se extiende a tantas comarcas». A su conclusión, y tras los aplausos de rigor, el señor ministro procedió al reparto de premios a los alumnos distinguidos, tras lo cual pronunció unas palabras que pusieron el punto y final a la ceremonia de apertura del curso 1884-85.

Hasta aquí, todo normal. Falta por decir que durante la lectura de su «largo y meditado discurso» el señor Morayta proclamó que «el profesor en su cátedra y como catedrático es libre, absolutamente libre, sin más limitación que su prudencia», libertad de la que hizo uso para afirmar  «que las fronteras de la Historia resultan mucho más allá que Noé y aún que el mismo Adán del Génesis». Falta por decir también, que durante su intervención final el señor Pidal y Mon replicó al conferenciante afirmando que su misión como ministro de Fomento era «dar toda la libertad a la Ciencia, es verdad, pero toda la que cabe dentro de las leyes y singularmente dentro de la órbita que señala a la enseñanza la Constitución de la monarquía de D. Alfonso XII…».

De las palabras de uno y de otro bien se puede intuir que lo que se está dirimiendo es la libertad de cátedra y cuáles son sus límites. El discurso de Morayta, que fue profusamente difundido por la prensa, provocó una reacción desaforada de los sectores confesionales más combativos que es liderada por  El Siglo Futuro, que  inicia una campaña de hostigamiento contra el autor («vomitó Morayta cuantas herejías y blasfemias había podido recoger en los más hondos y bien provistos basureros de la enseñanza oficial y de las logias», publicó por toda reseña del discurso en su edición del 2 de octubre).

En las semanas siguientes se aviva el debate: se acusa al Gobierno, al nuevo ministro de Fomento, al otrora neocatólico y antiguo líder de la Unión Católica Alejandro Pidal y Mon, de ser muy permisivo con los profesores liberales. Algunos obispos publican duras cartas pastorales contra el contenido del discurso. La reacción liberal no se hace esperar: los universitarios se echan a las calles, produciéndose duros enfrentamientos con la policía entre el 17 y el 20 de noviembre.

La vieja cuestión: Libertad de cátedra – confesionalidad del Estado. El recuerdo de las purgas del ministro Orovio vuelve a estar presente; la explicación de los sectores confesionales es la misma que utilizaba el marqués: «el Gobierno no puede consentir que en las cátedras sostenidas por el Estado se explique contra un dogma que es la verdad social de nuestra patria».

Nada nuevo, ciertamente, pues el germen de aquella disputa que afloraba de vez en cuando estaba bien atollado en los tres primeros artículos del Concordato de 1851, en donde se proclama la exclusividad de la religión católica apostólica romana, «la única de la Nación española» (art. 1º); el derecho a la vigilancia de la ortodoxia ideológica en todos los estudios que sean impartidos en cualquier centro de enseñanza, público o privado, teniendo los obispos y demás prelados libertad para «velar sobre la pureza de la doctrina de la fe, y de las costumbres, y sobre la educación religiosa de la juventud en el ejercicio de este cargo, aun en las escuelas públicas» (art. 2º); y el apoyo explícito a los obispos por parte de las autoridades civiles, especialmente de Su Majestad y su Real Gobierno, en su lucha contra la malignidad de los hombres «que intenten pervertir los ánimos de los fieles y corromper sus costumbres, o cuando hubiere de impedirse la publicación, introducción o circulación de libros malos y nocivos» (art. 3º).

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Si te interesa el tema de este artículo,  en el siguiente enlace puedes consultar el libro   Rosario de Acuña y Villanueva. Una heterodoxa en la España del Concordato

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Acerca de Macrino Fernandez Riera

Mis investigaciones se han orientado hacia el estudio de la historia de Asturias durante el Periodo Interrepublicano, dedicando una especial atención a la vida y obra de Rosario de Acuña y Villanueva. Publicaciones: La Escuela Neutra Graduada de Gijón (2005), Rosario de Acuña en Asturias (2005), Mujeres de Gijón, 1898-1941 (2006), Rosario de Acuña y Villanueva. Una heterodoxa en la España del Concordato (2009), Deporte y educación física en Asturias. De los inicios a la guerra civil (2010), Rutas y senderos para disfrutar Asturias (en colaboración, 2013), ¿Quién fue Rosario de Acuña? (2017).
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